definición de la Rae

Desacato. (De desacatar). 1.m. Falta del debido respeto a los superiores. 2.m. Irreverencia para con las cosas sagradas.
La literatura o es desacato o no es nada (creo)

viernes, 14 de marzo de 2014

Novelas oculistas



Hay al menos dos tipos de novelistas. Están los que han encontrado una fórmula de éxito que explotan sin piedad y sin pausa, autoplagiándose continuamente. Luego están aquellos otros que en cada novela intentan algo distinto. Este es el caso de Reig en Lo que no está escrito (Tusquets 2012), novela que abandona territorios familiares y exitosos de libros anteriores (el Madrid inundado, el detective Carlos Clot, la mezcla de novela negra y ciencia ficción) para adentrarse en otros inseguros, siguiendo ese viejo axioma que apunta a la necesidad de buscar nuevas formas narrativas para expresar contenidos nuevos. Esa parece haber sido la decisión de Reig a la hora de abordar esta novela de tacto áspero, desprovista de las satisfacciones inmediatas que su peculiar sentido del humor otorgaba a las anteriores; sin personajes a los que agarrarse, puesto que en esta no hay ninguno que sea atractivo, ni positivo. Tampoco es una novela que  se entregue con la misma facilidad. Más bien es necesario tantearla poco a poco con destornillador y alicates, y de esa modo calibrar su valía, sopesar sus posibilidades de interpretación, que son muchas. Y sí, probablemente, estos son los dos asuntos claves de la novela: su meticulosa construcción y el tema de la interpretación como eje fundamental.
En primer lugar tenemos no una novela, sino dos. Una novela dentro de la otra, pero íntimamente ligadas, de tal modo que la lectura paranoica de la 2ª novela por parte de un personaje de la 1ª es lo que determina la forma que tenemos de leer el conjunto, lo que desata en éste un mecanismo de thriller. La interpretación aberrante que este personaje hace del libro que tiene entre las manos no sólo es el recurso narrativo fundamental del texto, sino también su clave temática, ya que todo lo que les ocurre a los personajes se debe a problemas de interpretación. Sí, se interpretan mal, se leen mal, constantemente ven en los otros lo que no está escrito, tomando sus vidas uno u otro cariz por la incapacidad de interpretar y comprender con precisión. El problema, seguro, es la incapacidad de interpretar objetivamente, obviando las urgencias del yo, quien tiende a proyectar sobre los otros sus miedos, deseos, expectativas, prejuicios, rencores, etc. Y es que la interpretación, frente a lo que sostenía Susan Sontag en su celebérrimo panfleto formalista (Against interpretation, 1966)) conforma de manera decisiva nuestras vidas.
Quien lee se arriesga mucho, se arriesga a ser cambiado por aquello que lee, a perder identidad, a convertirse en alguien distinto. La historia de la literatura está llena de personajes de ese cariz, los más célebres, sin duda, Don Quijote y Emma Bovary. Pero también la realidad está llena de personajes de esa naturaleza. Y hasta nuestras civilizaciones se han conformado sobre la lectura de libros, libros mitológicos, religiosos, a los que los creyentes consideran sagrados, en cuyos renglones, afirman, se encuentran la palabra de dios y la verdad. Y están también los textos filosóficos y jurídicos, que determinan de igual manera nuestra forma de ver y de estar el mundo. Y, por último, están los textos literarios. Uno no sale indemne después de leer una gran obra literaria. Uno es influenciado por la lectura y a partir de ahí ve el mundo con ojos nuevos. Y todo esto no es sino interpretación (a veces leemos lo que no está escrito, y otras, sin embargo, interpretamos las cosas al pie de la letra, como esas comunidades protestantes que interpretan la Biblia literalmente, y viven sus vidas y conforman su mundo de acuerdo a esa lectura excesiva). Nos pasamos la vida interpretando, mirando las cosas e interpretándolas. Pero los libros cambian nuestra forma de mirar. Decía Proust que el verdadero escritor es como un oculista, y que al concluir un tratamiento, que puede ser doloroso, a veces, le dice al paciente: ahora mire, y el paciente ve repentinamente con claridad.
La cuestión es si nuestros ojos están enfermos, tanto que nos impidan ver el mundo objetivamente. Si están tan enfermos que no nos dejen ver lo que está “ahí”, sino lo que nuestra “enfermedad” nos incita a entrever. Esto es lo que creo que les pasa a los personajes de esta novela. Están enfermos, sobre todo, de una dolencia que se cura precisamente leyendo, leyendo con generosidad: la enfermedad del yo, del egocentrismo, del egoísmo, de la obsesión del yo. El que lee ha de hacerlo con la condición de estar dispuesto a ser cambiado por aquello que lee, a modificar su mirada,  a sanar sus ojos. Leer ficciones es ejercitarse en la empatía y, por tanto, aprender a mirar a través de otros ojos, desde otros lugares, con otras perspectivas. Einstein decía que la mente que se abre a una nueva idea nunca volverá a su tamaño original. Es decir, se habrá ensanchado, habrá crecido. Lo mismo pasa con la mirada, con la lectura. Los ojos que de repente ven bien, no quieren volver a ser miopes. La persona que ensancha su mundo gracias a otros ojos, no querrá volver a la estrechez de su perspectiva. Leer, pese a que parece una actividad solitaria, ensimismada, es en realidad un constante esfuerzo colectivo por interpretar las cosas correctamente.
Todo escritor aspira a escribir lo que no está escrito, lo que no ha sido contado antes, lo que  nadie había visto antes, lo que a lo mejor había pasado desapercibido. A mí esta novela de Rafael Reig me ha hecho comprender que la interpretación de la realidad, y de los textos literarios, y de otros textos, es uno de los actos decisivos de nuestras vidas. Y que, por tanto, tenemos que poner en él el máximo cuidado, el máximo respeto y la máxima generosidad. Y que sólo así podremos conocer lo que nos pasa, a nosotros y a otros, conocer lo que pasa a nuestro alrededor. Y de ese modo actuar. Y puedo decir que, después de leer esta novela, me ha pasado lo que a Proust con su oculista: que veo mejor, y que sé que las novelas definitivamente imprescindibles son las novelas oculistas.      
    

martes, 4 de marzo de 2014

Ucrania

75 años después, Kiev amanece con pintadas antisemitas en sus muros. No sabemos quién, sospechamos quién, pero desde Europa alguien ha sido excesivamente complaciente con los grupos neonazis que han aprovechado el descontento popular para izar de nuevo la svástica en Ucrania, la tierra donde empezaron a actuar los Einsatzengruppen, de infame recuerdo. Al mismo tiempo, mientras se rehúye esa complicidad con la vertiente más siniestra de la revuelta, el putsch o lo que sea, Obama amenaza a Rusia con sanciones por violar la legalidad internacional, él que, en efecto, nadie tiene que ver con los drones asesinos, los guantánamos asesinos y otras menudencias sin importancia, cosas todas ellas que al parecer no violan legalidad internacional alguna. Por el otro lado, Rusia se ha apresurado a invadir de facto la península de Crimea, alegando peligro para los rusos étnicos que allí viven, como si las tropas rusas acantonadas en Sebastopol no fueran suficiente disuasión ante cualquier tentación de progromo. El gobierno oficioso de Kiev, por su parte, que alberga en sus filas a varios ministros filonazis, no se corta un pelo y prohíbe el uso de la lengua rusa y de paso también de otras como la húngara y la rumana, minorías todas ellas que se tienen que sentir ahora más seguras, reconfortadas y prestas a entablar diálogo con las nuevas autoridades. Europa, que siempre vela, como todos sabemos, de forma escrupulosa, por las formalidades democráticas, enviando observadores a todos los rincones del orbe para certificar purezas electorales, se apresuró a reconocer a un gobierno no electo, surgido de la confusa revuelta, cosa que al parecer sí es una muestra de acatamiento de la legalidad internacional. Aquí, cada uno va a lo suyo, y cultiva sus obsesiones con esmero. Así pudimos ver al ministro español de exteriores especialmente preocupado por la preservación de la unidad territorial de Ucrania, no vaya eso a servir de ejemplo a los revoltosos catalanes y vascos, quienes pudieran sentirse tentados de pedir tanques rusos en apoyo de sus obsesiones. Por último, observadores internacionales hay (o lo que sean) que sostienen que esta partida de ajedrez tiene más largo alcance y busca finalmente la desestabilización de Rusia, su desmembramiento en varias entidades manejables, puesto que Rusia no deja de ser un rico imperio en materias primas y tierras ajeno a la globalización capitalista dirigida desde Washington. ¿Y China? ¿Qué dice China de todo esto? Sabemos lo que decía Isaac Babel de su tierra de nacimiento, Odessa. Hablaba de lo fácil que es matar a los débiles, de lo fácil que fue matar a su abuelo en el progromo de 1905, de cómo todo eso al final no importa nada, de que la historia sigue y seguirá su curso de animal insuficiente y desollado.

viernes, 21 de febrero de 2014

Natación

Merlo, quizá no sepan nadar, pero cruzaron el desierto y no iban en 4x4, como esos pijos del Rally Paris-Dakar a quien tanto admiráis, esos pijos que ahora hacen el cretino en Argentina porque Africa al parecer es demasiado peligrosa para sus chorradas. Quizá no sepan nadar, Merlo, pero aguantaron años a pan y agua en el monte Gurugú, el agua helada de los inviernos y el pan de los vecinos marroquíes, que no son católicos, ni ricos, pero que les daban de comer lo poco que podían. No saben nadar, porque en Mali no hay piscinas climatizadas, pero han aguantado a pie firme el acoso de la policía corrupta de Mohamed VI, el hermano entrañable de nuestro rey, las palizas, el desprecio y el robo sistemático de sus pequeñas pertenencias. Sí, no saben nadar, Merlo, pero lo mismo se tiraron al agua pensando en una vida mejor. No sabían que aquí, a este lado del paraíso, hay gente como tú, que corrompe y ensucia lo que toca con su desprecio infinito, su bochornosa ingnorancia y su ridícula altanería de pijos crueles. Para mí, esos muchachos, son el único equipo de natación que merece la pena, el único equipo por el que sacaría una bandera y la haría ondear hasta el grito. Esos muchachos, Merlo, que no saben nadar, pero que nadan, aunque les disparen bolas de odio. Ese Dream Team de la copa mundial de la Dignidad.
http://blogs.publico.es/davidtorres/2014/02/21/se-ahogaron-solos/

domingo, 12 de enero de 2014

Siglo XIX


Por insuficiencia o avería de las tecnologías (cámaras rotas, teléfonos reviejos) salimos a cuerpo por caminos de escarcha. No llevamos con nosotros ningún instrumento de reproducción de imágenes, salvo las palabras. Así empieza esta crónica. Al pie de Ayllón, en Segovia, se alza un robledal inmenso. Es roble melojo, de poco porte, incapaz de desprenderse de sus hojas naranjas, quebradizas, que le acompañarán durante todo el invierno. Luego la llanura se reseca, y la marga se aclara. Sobre ella crecen orgullosas las sabinas, algunas milenarias, con olor a sándalo. Hay también quejigos pequeños y encinas distinguidas. Sobre un cerro, rodeado de ríos, está Maderuelo, un pueblo medieval, asombroso, con murallas de sillares, arcos, portones, iglesias, pequeñas plazas y una catapulta orientada inútilmente hacia los buitres. Sí, está lleno, más que en ningún sitio en Europa, dicen. Al día siguiente recorremos las hoces del Riaza, en cuyos farallones de 150 metros se refugian las aves carroñeras. Si miras a los riscos, parece un aeropuerto en plena actividad, con decenas de aeronaves entrando y saliendo de los nidos, construidos en cuevas y resaltes. La caliza aquí es dorada, por eso muchas casas son doradas. Por eso es todo tan bonito. Desde la parte más alta de los cortados, vemos sierras nevadas. Ayllón, sí, y también el Urbión, el Moncayo y el Guadarrama. Si miras al macizo más cercano, Ayllón, ya no necesitas ir a Wyoming, a las Rocosas, eso que te ahorras. De vuelta al pueblo, una mastina nos adopta, nos lleva a todas partes, nos muestra orgullosa a las pocas personas que viven por aquí. En el único bar abierto, hay un anciano con la cara surcada de arrugas profundísimas, un extraño gorro verde, pantalones de obrero y las típicas zapatillas de andar por casa, unas pantuflas a cuadros, como las de mi abuelo. Nos dice que la perra se llama Zarza y es la mascota municipal, muy buena persona. Sólo teme que la pille un coche, algún dominguero o así. Sólo eso. Me parece un tipo fascinante, un conversador extraordinario. ¿Cómo será su vida?
Al día siguiente pretendemos subir el pico del Lobo, la mayor altura de Ayllón. Es un gusto volver a calzarse los crampones, oír como cruje la nieve bajo ellos. Primero subimos por un bosque umbrío, pero al salir a la cuerda la nieve deslumbra. No me he traído las gafas de nieve, olvidadas en algún cajón. Mejor darse la vuelta que perder los ojos. Esto sólo significa que hay volver pronto, muy pronto, a estos lugares de frío siberiano y perros hospitalarios.

sábado, 4 de enero de 2014

Teoría de la novela


Esto es arte vivo, la teoría narrativa de Stendhal llevada a la acción: el espejo al borde del camino. Pero no ya del camino, sino del madero, del policía borde. El espejo en la calle.  Mírate, mira en qué te has convertido. La etimología de esos verbos, reflejar, reflexionar, es la misma. Del verbo reflectere, formado por el prefijo re (hacia atrás) y el verbo flectere (doblar, desviar), es decir mirar hacia atrás, hacia dentro, volver a mirar, volver a mirarse. 

Shackleton

Mientras en Europa se mataba mucho, a mano y a máquina, en el culo del mundo un puñado de hombres escribían sobre el hielo la gran lección: podemos vivir juntos, podemos sobrevivir juntos.

http://blogs.publico.es/davidtorres/2014/01/03/la-odisea-polar-de-shackleton/

1914


Recordemos las trincheras del 14 para saber una vez más el grado de abyección que puede alcanzar el ser humano; la capacidad de opresión que unos pocos pueden desatar sobre millones; el repugnante fetiche del patriotismo, ocultador casi siempre de las razones más sórdidas; la alegría infantil de los súdbitos ante la guerra, imbuidos de prejuicios y desprecio ante el Otro demonizado, el enemigo secular, señalado, ignorantes de que el enemigo real es el de casa, el de clase, no el paisano de otro idioma; recordar el matadero que fue una Europa abierta en canal por miles de trincheras supurantes de jóvenes asesinados; recordar al mismo tiempo los salones de los reyes, los mapas de los generales, la codicia obscena de los banqueros, las bandas de música patriótica adornando la metralla y el sacrificio infinito. Aprender de una vez y para siempre que esa guerra fue el inicio de la siguiente, y la siguiente, y la siguiente, esa que ahora continúa con música distinta pero con la misma letra .