El atleti no podía perder de una manera normal, no podía perder con
modestia y disimulo, como suele hacerse en este mundo que glorifica a
los ganadores, No, el Atleti tenía que perder a lo grande, cagándola a
lo grande, protagonizando en la prórroga la mayor pájara que se recuerda
en la historia del fútbol. El Atleti no podía dejar de ser el Atleti.
Todo comenzó con la sombra de la permanente de la reina sobre el
césped, imborrable incluso para los potentes focos del Estadio da Luz.
Los portugueses, ya de por si melancólicos y saudosos, no olvidarán
fácilmente la cara de amargada que tenía la reina de España. Eso debió
afectar al Madrid, que en el primer tiempo parecía un combo de fadistas
borrachos: no daban una. Así Casillas, que en el gol se quedó sumido en
la perplejidad más absoluta, cuando todo el mundo sabe que un portero,
si abandona sus palos, no se puede poner hamletiano y pensar para sus
adentros aquello de "salir o no salir, that is the question". Iker se
puso hamletiano y tuvo que sacar la pesada pelota de su portería.
Mediada la segunda parte, Ancelotti se dio cuenta de que Xabi Alonso no
jugaba y puso sobre el césped a dos creativos. Xabi Alonso veía el
partido desde la grada, y a punto estuvo de derribar el estadio con sus
golpes de rólex. Este chico, antes de venir al Madrid, parecía modesto e
incluso moderno. Cuando llegan al club blanco se les pone cara de
imperiales y les atrapa el lado oscuro. Con Marcelo e Isco sobre el
campo, el Atleti empezó a escribir una de sus páginas más gloriosas.
Atrapado por sus demonios familiares, recordó aquella infausta noche de
1974 contra el Bayer de Munich (llovía sí, mucho) en que le empataron en
el último minuto, y decidió emular a los grandes perdedores de su
historia. En aquella ocasión el jugador que les marcó fue un tal
Scharzenbeck. El comentarista de TVE comentó que ese nombre era
impronunciable. No, no lo es, y si te dedicas a ser comentarista de
fútbol y ganas una pasta por ello, lo menos que puedes hacer es aprender
a pronunciarlo. Miles de jóvenes españoles están aprendiendo alemán y
no tienen trabajo. Que sustituyan al mismo tipo que dijo que el palco lo
presidía el primer ministro portugués. Era el presidente de la
república. A lo largo de mi vida he comprobado que para ser comentarista
deportivo es necesario acreditar nivel alto de estupidez y absoluto de
incompetencia.
Cuando llegó el gol del Madrid tuvimos ocasión de
ver una imagen dantesca. Florentino Pérez saltó de su asiento y corrió a
darle la mano al héroe de las Azores ( ese sí, de nombre
impronunciable, pero por distintas razones). Luego llegó la prórroga y
la gran pájara del Atleti. Daban pena. No podían correr, no podían
moverse. Cualquiera hubiera podido marcarles un gol. Nunca se vio a un
equipo más desvalido. Ronaldo marcó el 4º de penalti y aterrorizó al
mundo mostrando sus abdominales. Ganó el imperio.
Creo que me
divierto más con un sólo derechazo de Djokovic, o un triple de Sergio
Rodríguez, que con toda una final de la Champions. Desde que Zidane se
retiró y el Barça de Guardiola pasó a la Historia, el fútbol vuelve a
ser el rollo insufrible de siempre. Salvo que juegue el Atleti y ponga
en juego los elementos más delicados del alma humana. Qué manera de
ganar, sí, y qué manera de vivir, y qué manera de palmar. Sofoclés
hermanado con Valle-Inclán en un patio de escuela.